La weá detrás del café

¿Por qué nos gusta tanto el café? Porque claramente no es solo por despertarse

Podríamos obtener cafeína de otras formas, pero seguimos moliendo granos, calentando agua y diciendo “¿vamos por un café?”. Entonces algo más debe estar pasando. Veamos por qué nos gusta tanto esta weá.

¿Por qué nos gusta tanto el café? Porque claramente no es solo por despertarse

En simple:

  • El café mezcla sabor, aroma, temperatura y textura en una sola experiencia.
  • La cafeína influye, obviamente, pero no explica todo.
  • Prepararlo puede convertirse en un ritual diario.
  • También está profundamente asociado a pausas, conversaciones y momentos sociales.
  • Hay tantas formas de tomarlo que casi cualquiera puede encontrar una versión que le guste.
  • Y con el tiempo nuestro cerebro empieza a asociar ciertos cafés con lugares, personas y momentos.

Por qué nos gusta el café: partamos por la respuesta demasiado fácil

Porque tiene cafeína.

Listo.

Gracias por leer.

Obviamente no.

La cafeína en el café importa. Puede aumentar el estado de alerta y reducir temporalmente la sensación de cansancio, y ya hicimos un artículo entero para explicar esa weá.

Pero hay un pequeño problema con decir:

“nos gusta porque tiene cafeína”.

Si fuera solamente eso, podríamos tomar una pastilla de cafeína con agua y cerrar todas las cafeterías del planeta.

Sería más rápido.

Más barato.

Más eficiente.

Y bastante deprimente.

Así que claramente hay algo más.

Primero está el olor

Antes incluso de tomar café ya empezó la experiencia.

Abres la bolsa.

Mueles los granos.

Le cae agua caliente.

Y aparece ese olor que básicamente anuncia:

ya, empezó el día.

O:

por fin una pausa.

Además, no todos los cafés huelen igual.

Puedes encontrarte con algo que recuerde a:

chocolate, caramelo, fruta, flores, frutos secos o especias.

Y cuando empiezas a distinguir esas diferencias, tomar café deja de ser solamente:

“café sabe a café”.

Ahí empieza otra weá.

Después viene el sabor, que puede cambiar una barbaridad

Decir:

“me gusta el café”

es casi tan amplio como decir:

“me gusta la comida”.

Ya.

¿Cuál?

Porque puedes tomar:

  • un espresso
  • una prensa francesa
  • un filtrado
  • una Moka
  • un cappuccino
  • un café frío
  • un café súper frutal
  • otro achocolatado
  • uno suave
  • otro intenso

Y todos siguen siendo café.

Eso explica bastante de su popularidad.

Hay demasiadas formas de tomar la misma weá.

Incluso el mismo café puede parecer otro

Y esta parte ya la comprobamos.

Puedes agarrar exactamente el mismo grano y prepararlo como:

espresso

y después como:

café filtrado

y obtener dos tazas bastante distintas.

Una puede sentirse:

más concentrada, más intensa, más densa.

La otra:

más limpia, más aromática, más clara.

Por eso hicimos el artículo de espresso vs café filtrado.

El grano no cambió.

Cambió cómo lo estamos experimentando.

Y eso hace que el café tenga una cantidad ridícula de posibilidades.

Pero hay otra razón: el café tiene ceremonia

Aunque no queramos admitirlo.

Incluso la persona que dice:

“yo no hago ninguna weá especial, solamente tomo café”

probablemente tiene una rutina.

Puede ser:

  • levantarse
  • prender la cafetera
  • preparar café
  • sentarse
  • mirar el teléfono
  • tomárselo

Eso ya es un ritual.

No necesita:

balanza,

temporizador,

delantal de cuero,

ni una tetera de cuello de cisne fabricada en Japón.

Y ahí hay algo importante.

A veces no queremos café. Queremos esos cinco minutos

Esta es probablemente una razón mucho más grande de lo que parece.

Cuando alguien dice:

“voy a hacerme un café”

muchas veces también está diciendo:

voy a parar un rato.

Sales del computador.

Vas a la cocina.

Preparas algo.

Esperas.

Te lo tomas.

Quizás son cinco minutos.

Quizás quince.

Pero durante ese tiempo hiciste una pequeña interrupción en el día.

Y esa sensación empieza a quedar asociada al café.

Entonces quizás no era solamente:

necesito cafeína.

Era:

necesito salir cinco minutos de esta reunión de mierda.

El café simplemente fue el cómplice.

Y después está el famoso “vamos por un café”

Esta frase es maravillosa porque muchas veces el café es casi secundario.

“¿Nos juntamos a tomar un café?”

puede significar:

  • conversemos
  • quiero verte
  • tengo que contarte algo
  • hagamos una reunión
  • tengamos una cita
  • arreglemos esta weá
  • o simplemente salgamos de la casa

El café funciona muy bien para eso porque tiene una duración conveniente.

No es:

“ven a mi casa nueve horas”.

Tampoco:

“hola, chao”.

Es:

nos sentamos, tomamos algo y vemos qué pasa.

El café también está metido en nuestra memoria

Esto es menos evidente.

Piensa en algún café que recuerdes mucho.

Quizás fue:

  • el café que hacía tu mamá
  • el primero que tomaste con tu pareja
  • el de una cafetería durante un viaje
  • el de la universidad mientras estudiabas
  • o incluso ese soluble medio horrible que tomabas trabajando de noche

Objetivamente quizás no era el mejor café del planeta.

Pero igual tiene algo.

Porque no estamos guardando solamente:

sabor.

Estamos guardando:

momento + lugar + personas + olor + sensación.

Y con suficientes repeticiones, ciertas experiencias quedan tremendamente conectadas al café.

Por eso una taza puede saber mejor según dónde te la tomes

Esto todos lo hemos vivido.

Te tomas un café sentado tranquilo durante un viaje y piensas:

esta weá está increíble.

Compras algo parecido.

Llegas a la casa.

Lo preparas un lunes a las 7:12 mientras buscas una llave que desapareció misteriosamente.

Y dices:

mmm… no era igual.

Quizás la receta cambió.

El agua.

La molienda.

Claro.

Pero también cambió completamente:

el contexto.

Estamos tomando café con todos los sentidos y con el cerebro funcionando detrás.

No solamente con la lengua.

¿Entonces los cafés caros saben mejor porque sabemos que son caros?

No necesariamente.

No nos vayamos al otro extremo.

La calidad del grano sí importa.

El origen importa.

El proceso importa.

El tueste importa.

La preparación importa.

Por algo existe una diferencia entre café comercial y café de especialidad.

Pero nuestras expectativas y el contexto también pueden influir en cómo vivimos una experiencia.

Así que una taza no existe completamente aislada del momento en que te la estás tomando.

Lo cual es bastante molesto para quienes queríamos convertir todo esto en una planilla Excel.

También nos gusta aprender la weá

Esta aparece bastante rápido cuando entras al café de especialidad.

Al principio quieres:

un café rico.

Después preguntas:

  • ¿qué significa lavado?
  • ¿qué es Caturra?
  • ¿qué son los 1.800 msnm?
  • ¿por qué dice durazno si nadie le puso durazno?

Y antes de darte cuenta estás leyendo sobre variedades de café, altura, procesos y extracción mientras una persona completamente normal al lado tuyo solamente pidió un americano.

Hay algo entretenido en descubrir por qué dos cafés pueden ser tan diferentes.

No necesariamente porque quieras convertirte en experto.

Simplemente porque empiezas a entender mejor algo que consumes todos los días.

Y sí, obviamente también está la cafeína

No la vamos a ignorar.

Para muchísimas personas existe una asociación bastante directa:

café = despertarse.

Y tiene sentido.

La cafeína puede ayudarnos a sentirnos más alertas.

Pero hay un detalle interesante.

También existe:

café descafeinado.

Y la gente lo toma igual.

Eso ya nos demuestra que el atractivo del café no desaparece completamente cuando quitamos gran parte de la cafeína.

Todavía quedan:

aroma, sabor, temperatura, preparación, costumbre y ritual.

Así que la cafeína explica una parte.

No toda la película.

Incluso después de comer aparece automáticamente

Terminas de almorzar.

Alguien pregunta:

“¿cafecito?”

Y cuesta decir que no.

¿Por qué?

Probablemente porque la taza empezó a funcionar como una especie de:

ya, cerramos esta parte del día.

Después de comer.

Después de una reunión.

Al llegar a la oficina.

Durante una conversación.

Antes de manejar.

Hay cafés que terminan funcionando casi como puntuación.

Punto. Coma. Café. Seguimos.

Y mientras más café pruebas, más difícil se vuelve volver atrás

Esta parte puede pasar cuando empiezas a tomar cafés distintos.

Primero:

café es café.

Después pruebas uno realmente dulce.

Otro frutal.

Otro achocolatado.

Empiezas a usar la rueda de sabores del café y a encontrar diferencias que antes no pescabas.

Y de repente vuelves a cierta taza de café comercial súper tostado y piensas:

ahhhh… ahora entiendo.

No significa que automáticamente tengas que odiarlo.

Pero tu referencia cambió.

Tu cerebro ya tiene más puntos de comparación.

Y eso hace que el café se vuelva aún más entretenido.

Pero tampoco necesitamos justificar demasiado que nos guste

A veces en café aparece esta necesidad de explicar absolutamente todo.

¿Por qué te gusta este origen?

¿Qué acidez tiene?

¿Detectas malicidad?

¿Cómo describirías el retrogusto?

Hermano.

Quizás está rico.

También sirve.

Entender café puede hacer que lo disfrutes más.

Pero no debería transformar cada taza en una prueba oral.

Si una mañana te tomas un café y piensas:

puta la weá rica.

Tenemos suficiente información.

¿Entonces por qué nos gusta tanto el café?

Probablemente porque junta varias cosas al mismo tiempo.

Tiene:

sabor.

Aroma.

Temperatura.

Cafeína.

Rutina.

Conversación.

Pausa.

Recuerdos.

Y una cantidad prácticamente absurda de formas de prepararlo.

Por eso dos personas pueden decir:

“amo el café”

y estar hablando de experiencias completamente distintas.

Una quiere un espresso corto.

Otra un filtrado frutal.

Otra un cappuccino.

Y otra simplemente quiere sentarse tranquila diez minutos sin que nadie le hable.

Todas tienen razón.

En resumen, pa’ no alargar más la weá

La respuesta a por qué nos gusta el café no es solamente:

cafeína.

Probablemente tiene mucho más que ver con la combinación de experiencia sensorial, energía, ritual, versatilidad y conexión social.

Tomamos café porque:

nos gusta cómo sabe,

nos gusta cómo huele,

nos gusta prepararlo,

nos gusta compartirlo,

y a veces simplemente necesitamos una excusa legítima para desaparecer cinco minutos.

No está mal.

Podríamos haber elegido un hobby mucho peor.

Y si todavía necesitas una explicación científica extremadamente sofisticada de por qué sigues volviendo a prepararte otra taza:

porque la weá te gusta.

A veces tampoco hay que complicarlo tanto.

YA CACHAI UN POCO MÁS

Ahora falta la parte importante: tomarse un rico café.

Elige uno que te tinque o déjanos ayudarte a encontrar la weá que calza contigo.

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